Hablando de comunicación, encontramos con “La escafandra y la mariposa” de Julian Schnabel una mirada completamente diferente a la que estamos acostumbrados a tener, pero tan válida como cualquier otra; pues en últimas no hace más que demostrarnos que realmente lo que nos dice Watzlawick, Paul, en su texto “Algunos axiomas exploratorios de la comunicación” en cuanto a la imposibilidad de no comunicar es completamente cierto.
Y lo podemos ver claramente reflejado cuando Jean-Dominique Bauby logró transmitir tan bien sus pensamientos y sentimientos que llegó a escribir un libro, aún sin poder hablar, y sólo con la única parte del cuerpo que podría mover: sus parpados. De esta forma llevándonos a corroborar completamente que la comunicación es comportamiento, y qué mejor caso que éste para demostrar que es imposible no comportarse: aún estando “Jean- Do” completamente paralizado logró comunicar tanto su imaginación, como su memoria y sus sentimientos que sobrevivieron a la parálisis.
De este modo, llegamos a justificar el segundo axioma de Watzlawick del libro ya mencionado: la comunicación es compromiso, pero al mismo tiempo es imposición de conductas; lo cual se ve igualmente reflejado de manera muy clara en la película en cuestión. Encontramos por un lado que hay un serio compromiso por parte de las mujeres que lo ayudan con él, pues aun no siendo Jean Dominique “nadie” en sus vidas, dedican su tiempo a él pero más allá del compromiso, del contrato legal, o del pago que reciban por su tiempo con él. Estas mujeres establecen una filiación y llegan al sentir que acaban involucrando sus vidas personales con su caso, se preocupan, sufren y dejan de hacer otras cosas por él sin un motivo aparente o racional, simplemente el compromiso. Y en esta medida, al ser la comunicación un compromiso, también es imposición de conductas que se generan a través de ciertos símbolos; pues vemos claramente que cuando Jean D. empezó a desarrollar su forma de comunicación creó ciertas dinámicas de acción en aquellas mujeres que lo acompañaban, pues para entender sus mensajes necesitaban comportarse de una forma determinada, seguir ciertos parámetros y tener presentes datos específicos, que variarían si los símbolos comunicativos fueran otros.
Así mismo encontramos que dicha comunicación que implica un compromiso y a su vez una imposición de conductas, también supone dos caras de una misma moneda. Me refiero a que la comunicación es por un lado análoga y por otro digital, lo que quiere decir que en toda comunicación existe el lado de la racionalidad, lo estandarizado, lo que es entendible fácilmente por todos (comunicación digital) y el lado de lo subjetivo por así decirlo: aquello que no siempre es consciente y que tiene cualquier posibilidad de interpretación (comunicación análoga). Esto claramente lo vemos evidenciado en la relación de Jean Dominique con sus “asistentes”, pues en un inicio cuando todos sus diálogos eran tan sólo eximorones porque no podían salir de sí mismo, todo lo que hacía era comunicación análoga: tanto porque nadie era consciente de sus mensajes, como porque los interpretaban diversamente según la persona; pero cuando la chica le encuentra el sentido a sus parpadeos y lo vuelve consciente, esos mensajes ya pasan a tener un sentido “lógico” y se convierte en una comunicación digital.
En este sentido, vemos claramente cómo los seres humanos, a pesar de que buscamos ser complementarios, tendemos a la simetría: aquella comunicación que permite generar una lógica, un compromiso y una imposición de conductas viable; que es precisamente lo que ocurre en “La escafandra y la mariposa”: las diferentes mujeres, y especialmente una de las que asisten el día a día de “Jean-Do” entran en un proceso de pasar de una interacción complementaria en la que hay dos posiciones distintas y una es “inferior” a otra, a una simétrica en la que se establece una igualdad que en este caso facilita la comunicación.
Finalmente, encontramos que en relación a la imposición de conductas, a la interacción complementaria o simétrica, la comunicación análoga y digital, y en general todos los axiomas de la comunicación propuestos por Watzlawick, aparece un último y es el de la puntuación de la secuencia de hechos que hace alusión a la manera en la cual la forma de “puntuar” una relación entre los comunicantes marca su propia naturaleza. Lo que quiere decir, que en la interacción entre determinados individuos, la forma de comunicarse, de llevar la relación y de interactuar mismo que se ve afectada por los puntos anteriormente mencionados, determina la naturaleza de dicha relación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario