miércoles, 31 de agosto de 2011

La ciudadanía desde la perspectiva de la democracia radical

Partiendo de la idea de que la política como conflicto moral “puede ser una vía para la superación de las desigualdades sociales y configurar un criterio de justicia relacionado con las demandas contemporáneas de reconocimiento político”, encontramos que Chantal Mouffe propone la democracia radical como una comprensión del conflicto social; y esto implica entender varios puntos como el liberalismo y el comunitarismo, la lucha social y el reconocimiento político, el paso del antagonismo al agonísmo, la apertura del universo político y por último, el concepto de ciudadanía, entre otros, que serán expuestos a continuación.
En primer lugar, es importante destacar que Mouffe es una total defensora de la libertad y considera que ésta no se puede ejercer efectivamente gracias a los problemas de desigualdad social y el irrespeto constante a la diferencia.  Es por esto que lucha por la radicalización de la democracia (proyecto político de la modernidad) y presenta a la democracia radical como un movimiento que reflexiona sobre las formas en las que el reconocimiento político puede ser el medio de construir una identidad más sensible a la justicia; pues argumenta que dicho movimiento sirve como espacio para analizar acerca de los mecanismos para la superación de la subordinación, y así mismo sirve para producir un consenso sobre bases más firmes que las de la razón liberal.

Y es aquí donde encontramos que Mouffe está en contravía del liberalismo, pues éste supone una libertad total de los individuos y aunque asume la diferencia de lo bueno y lo justo como medio de estabilizar el interior de la sociedad, encontramos que acaba siendo todo lo contrario, pues genera una serie de injusticias que atacan las libertades individuales y por tanto la diferencia entre grupos. En otras palabras, el liberalismo  intenta entender el consentimiento en el que la razón se vuelve instrumento a favor de de una unidad política, que en lugar de promover respeto hacia las diferencias, termina generando condiciones para que se den diferentes formas de opresión entre grupos.

Del mismo modo, podemos ver claramente que así como con el liberalismo, Mouffe tampoco se identifica con el comunitarismo, pues considera que es un intento de reformulación del liberalismo. Sin embargo, coincide con los comunitaristas el criterio de que los individuos sólo podemos existir en un específico tipo de comunidad política, o bien, que la identidad del ser humano se construye en el seno de una comunidad de lenguajes, significados y sentidos; pero cuando éstos afirman que se puede adquirir concepción de la justicia a través de nuestra participación en la comunidad que define el bien común, ya quiebra con su concordancia, justificando que esto propicia el rechazo del pluralismo y de la prioridad de la justicia, además de suponer un distanciamiento de los principios liberales.

En este sentido, vemos que la postura de Mouffe posibilita la comprensión de luchas no solamente económicas, sino políticas también y esto implica en la distinción entre lo económico y lo político, la aceptación de factores psicosociales que afectan la identidad y promueven la subordinación. Y es aquí cuando aparece la comprensión de la lucha social y el reconocimiento político, pues “la revolución democrática que promueve Mouffe no es un cierre el entendimiento de la política como conflicto; es decir, no se trata de esencializar a los grupos en torno a lo que cada uno de ellos cree que es la injusticia; se trata de recomponer el orden social a partir de la posibilidad de pactar con otras identidades lo que es bueno para todos”.
Y es por esto que Mouffe se une John Rawls en su debate sobre la justicia, pues este permite que la filosofía vuelva a tener un lugar importante, que para Mouffe se convierte en una herramienta para validar su postura democrática. Aquí encontramos pues, el paso del antagonismo al agonísmo que supone un mecanismo de participación que permita la manifestación controlada de las formas de asumir el conflicto entre diferentes entidades. Y así mismo, encontramos que para Mouffe el conflicto es el motor de la política, lo que en otras palabras significa que juega un papel fundamental a la hora de preservar la libertad; pues para eso propone la democracia radical.

De este modo, encontramos que el compromiso que la democracia adquiere a través de la conservación del pluralismo sin sacrificar la estabilidad política, da origen a la apertura del universo político que exige de ciudadanos que pasan de estar individualizados y se identifican con un concepto de nación, es decir, se comprometen en una experiencia grupal en lugar de estar en una postura de aislamiento social. 

Es así como a través de este concepto de ciudadanía que nos supone “un principio de articulación que afecta a las diferentes posiciones subjetivas del agente social”, encontramos que la democracia radical en ningún momento pretende la democracia real, pues acepta que siempre existirán las tensiones entre lo privado y lo público y la libertad y la república; lo que realmente busca es un equilibrio y en donde el conflicto moral también funcione como mecanismo de transformación de la sociedad. 

jueves, 25 de agosto de 2011

Sociedades según Marx, Weber y Durkheim

Hablando de la sociedad y de su evolución que se da principalmente gracias a los inventos, a la sociabilidad; encontramos tres grandes personajes que se destacaron en la sociología y han marcado la historia. Estamos hablando de Karl Marx, Max Weber y Emile Durkheim, tres hombres que dieron cada uno desde sus principios, creencias y educación, su percepción acerca de las diferentes sociedades: la manera en que evolucionan, la razón de dicha evolución, así mismo lo que las une y un pronóstico de hacia dónde se dirigen. Cada uno de ellos, ha expuesto todo una teoría muy bien estudiada y sustentada, y es por esto que no podemos elegir ninguna como cierta o falsa, malo o buena, porque simplemente tratan enfoques diferentes y cada uno tan válido como el otro.

En primer lugar encontramos a Marx, un hombre con vocación por la humanidad, en esencia sensible por la injusticia de los seres humanos y que trata de reivindicar unos valores máximos de la sociedad. Para este hombre los cambios sociales sólo son posibles a través de los conflictos, de la revolución, pues según él, para pasar de una sociedad a otra es “necesaria” la violencia. Y es por esto que también encontramos que según su teoría, la lucha entre clases sociales es lo que impulsa dicho cambio en las sociedades, sustentando que en el socialismo al que se llega a través de los cambios sociales, hay igualdad, todo es de todos y por tanto no existe la propiedad privada.

Por otro lado, encontramos a Max Weber, el hombre que sustentó el capitalismo industrial en el calvinismo. Demuestra cómo la forma de pensar determina las sociedades, pues encontramos que por ser los calvinistas aquellos que “se lanzaban a la búsqueda del éxito, aplicando la racionalidad, la disciplina y el duro trabajo a sus tareas” fueron quienes construyeron los fundamentos del capitalismo, pues los productos de su trabajo los reinvertían para conseguir mayores beneficios. Por el contrario, vemos que para los católicos la riqueza material  no tenía el significado espiritual que motivaba a los calvinistas, y es por esto que las personas de esta religión no contaban con mayores riquezas. En esta medida, justificamos el argumento de Weber al decir que el principal motivo de los cambios sociales se le debe a los modos de pensamiento en evolución.
Finalmente encontramos a Durkheim, quien justificó que la sociedad tiene vida propia que va más allá de las experiencias personales, aunque también afirma que no sólo está más allá, sino que también está en nosotros. En esta medida, los individuos se determinan a partir de la sociedad que los educa, pues ésta tiene una disciplina moral que los regula. Y es aquí donde encontramos que las sociedades tradicionales se caracterizan por la “solidaridad mecánica” que refiere a esa fortaleza moral que une a todos sus miembros; pero por el contrario, las sociedades modernas, han perdido este consenso moral y han terminado siendo caracterizados por una “solidaridad orgánica” que se basa en la unión de los miembros de los sociedades pero por medio de la especialización, del “interés”, pues se ha perdido la tradición, y el surgimiento de las diferentes especializaciones ha conllevado a depender del otro, aun sin confiar en ellos ni conocerlos. Y es así como Durkheim concluye que la dimensión clave del cambio social radica en la división del trabajo en expansión.
Si trajéramos todo esto a nuestra situación actual, encontraríamos que cada uno de ellos, tiene parte de razón en lo que dicen. Por el lado de Marx, vemos que realmente el hecho de tener una clase social dominante y una dominada que no hace nada, pues sigue constantemente sumisa a su condición,  hace que nada cambie, en el caso de nuestro país; pero si por el contrario ocurriera lo que pasó unos meses atrás en Egipto, de alguna manera u otra se presentaría algún cambio. Del mismo modo, vemos claramente que los pensamientos en evolución, a su vez conllevan a la evolución de la sociedad como lo dice Weber; pues vemos que aquellas sociedades que cuentan con grandes mentes, que han ido más allá y han ido cambiando de formas de parecer, han promovido cambios, en ocasiones no completamente generalizados, pero cambios con poco a poco van tomando fuerza e influencian en el tipo de vida. Y finalmente algo importante de destacar en Durkheim, es que no estaba tan equivocado cuando dijo que en un futuro las sociedades llegarían a un desencanto del mundo, lo que él llamó como “jaula de hierro”, pues es justamente esto lo que nos cobija hoy en día: un desencanto generalizado en el cual la razón está por encima de todo, y la magia que traía la mística, la curiosidad y la imaginación ya no existe, pues poco de esto queda. 

martes, 23 de agosto de 2011

La revolución en Egipto

Hablando de Marx y de su lucha por la igualdad social, encontramos un claro ejemplo de lo que él dice en la reciente revolución de Egipto. Encontramos un país entero rebotado, inconforme con una democracia convertida en dictadura, tras los 30 años de poder del  presidente Mohamed Hosni Mubarak en los que prácticamente convirtió el país entero en su casa e hizo todo a su conveniencia y beneficio, le quitó la libertad a miles de personas y desfalcó el país.
Y esto no es más que el reflejo de una sociedad llena de desigualdad y reprimida, que a su vez es el producto de la privatización, pues éste hombre se tomó todo para su propiedad e hizo lo que quiso con el tiempo, los recursos y el espacio público.
Entonces aquí es donde encontramos que Marx tenía sentido al decir que la violencia es una forma de hacer catarsis para la evolución social, ya que si esta revolución que fue realmente violenta no se hubiera dado, el líder opositor Mohamed el Baradei no hubiera podido celebrar a través de su Twitter, diciendo "El país ya está libre", ni los Hermanos Musulmanes, considerados la principal fuerza opositora, hubieran podido felicitar a los egipcios por lograr "la principal meta de la revolución" y en conclusión, no se hubiera recuperado la democracia, que es sinónimo de igualdad, a través de la dimisión de dicho presidente.

jueves, 11 de agosto de 2011

Libertad en los jóvenes colombianos hoy

¿Libertad?... Según la real academia de la lengua española esta palabra nos habla de la “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”; sin embargo, hay mucho más que esto.
Es importante destacar que hoy en día, aun existen culturas cuyos miembros no cuentan con una libertad total, o incluso no saben lo que esto significa. No obstante, en este caso hablaremos de la libertad en Colombia, y específicamente de la forma en la cual los jóvenes se relacionan con ella.
En este sentido, encontramos que Colombia aun siendo un país que cuenta con una constitución completamente defensora de los derechos  humanos, y por tanto, del respeto de la libertad individual en todo el sentido de la palabra; se encuentra en una crisis con sus jóvenes que por un motivo u otro no están viviendo su libertad como lo hacen otros jóvenes del mundo.
Encontramos una generalidad de actitudes en las que no se ve curiosidad, riesgo, ni aventura; es como una enfermedad social donde todos aceptan todo, unos se quejan pero no hacen nada, y en general nadie toma la iniciativa, nadie piensa en ir más allá, hacer lo que realmente se quiere y arriesgar.
Pero es que también, encontramos una serie de problemas en el sistema de educación que nos dan cuenta de este tipo de situaciones. Para nadie es un secreto, que a pesar de tener Colombia un buen nivel en la educación, existen centenas de maestros que realmente no lo son, pues nunca se han capacitado para esto, y por tanto no tienen la autoridad para formar un individuo; simplemente lo hacen desde sus principios o quizás por intuición. Y es precisamente por esto que empiezan a aparecer todo tipo de restricciones, pues muchas veces pretenden que el alumno piense como igual, actúe igual y siga su ejemplo, considerando que está en lo cierto. Pero el hecho de querer darnos una receta para cada cosa nos niega la posibilidad de experimentar, y nos  limitan desde pequeños completamente a explorar la imaginación, la creatividad y desarrollar la curiosidad que es inherente al ser humano. Por otro lado, encontramos una cultura tan conservadora, que llega al punto de no aceptar tantas libertades, y terminan confundiendo la moral, la posibilidad de permitir explorar y ser más abiertos con la educación de los hijos o alumnos.
Es por esto, que me atrevería a decir, que en gran parte esta problemática de la falta de interés por parte de los jóvenes en Colombia y la poca experimentación de la libertad que se tiene, se debe al mal sistema educativo que tenemos, y a la cultura que a diferencia de otras está un tanto atrasada en cuanto a evolución de pensamiento y asimilación de la libertad.

La comunicación en la educación

Teniendo en cuenta que la pedagogía es “El intento de comprender y dar sentido al acto educativo en cualquier edad, y en cualquier circunstancia en que se produzca”, encontramos que no se trata de la edad, ni del género, ni del lugar. Se trata de la comunicación, de la forma en la que se resuelve esa relación humana que puede tanto posibilitar como imposibilitar la educación.
En este sentido, la comunicación es la base de todo; y con todo no solamente me refiero al mundo de la educación, sino al mundo en general. En primera instancia, la comunicación con nuestros padres, es decir, nuestros primeros educadores, es crucial; son las primeras bases que adquirimos, las primeras relaciones que establecemos y de ahí en adelante se va dando lo demás. Llega el jardín, luego el colegio, y esa interrelación de nosotros como estudiantes con esos docentes que ahora no son nuestros padres, también marca una diferencia, pues es la expresión que podamos tener lo que permite que todo esto tenga sentido. Y con “expresión” me refiero a la posibilidad que esos educadores nos dan de experimentar lo que queremos, de decir lo que sentimos y de recibir un trato lo suficientemente amable como para confiar en nosotros mismo y sentirnos seguros de lo que somos y de lo que hacemos. De no ser así, la educación pierde sentido, pues acabamos haciendo lo que nos ponen a hacer, lo que quieren que hagamos, pero no sabemos por qué, es decir, no encontramos su propósito.