Partiendo de la idea de que la política como conflicto moral “puede ser una vía para la superación de las desigualdades sociales y configurar un criterio de justicia relacionado con las demandas contemporáneas de reconocimiento político”, encontramos que Chantal Mouffe propone la democracia radical como una comprensión del conflicto social; y esto implica entender varios puntos como el liberalismo y el comunitarismo, la lucha social y el reconocimiento político, el paso del antagonismo al agonísmo, la apertura del universo político y por último, el concepto de ciudadanía, entre otros, que serán expuestos a continuación.
En primer lugar, es importante destacar que Mouffe es una total defensora de la libertad y considera que ésta no se puede ejercer efectivamente gracias a los problemas de desigualdad social y el irrespeto constante a la diferencia. Es por esto que lucha por la radicalización de la democracia (proyecto político de la modernidad) y presenta a la democracia radical como un movimiento que reflexiona sobre las formas en las que el reconocimiento político puede ser el medio de construir una identidad más sensible a la justicia; pues argumenta que dicho movimiento sirve como espacio para analizar acerca de los mecanismos para la superación de la subordinación, y así mismo sirve para producir un consenso sobre bases más firmes que las de la razón liberal.
Y es aquí donde encontramos que Mouffe está en contravía del liberalismo, pues éste supone una libertad total de los individuos y aunque asume la diferencia de lo bueno y lo justo como medio de estabilizar el interior de la sociedad, encontramos que acaba siendo todo lo contrario, pues genera una serie de injusticias que atacan las libertades individuales y por tanto la diferencia entre grupos. En otras palabras, el liberalismo intenta entender el consentimiento en el que la razón se vuelve instrumento a favor de de una unidad política, que en lugar de promover respeto hacia las diferencias, termina generando condiciones para que se den diferentes formas de opresión entre grupos.
Del mismo modo, podemos ver claramente que así como con el liberalismo, Mouffe tampoco se identifica con el comunitarismo, pues considera que es un intento de reformulación del liberalismo. Sin embargo, coincide con los comunitaristas el criterio de que los individuos sólo podemos existir en un específico tipo de comunidad política, o bien, que la identidad del ser humano se construye en el seno de una comunidad de lenguajes, significados y sentidos; pero cuando éstos afirman que se puede adquirir concepción de la justicia a través de nuestra participación en la comunidad que define el bien común, ya quiebra con su concordancia, justificando que esto propicia el rechazo del pluralismo y de la prioridad de la justicia, además de suponer un distanciamiento de los principios liberales.
En este sentido, vemos que la postura de Mouffe posibilita la comprensión de luchas no solamente económicas, sino políticas también y esto implica en la distinción entre lo económico y lo político, la aceptación de factores psicosociales que afectan la identidad y promueven la subordinación. Y es aquí cuando aparece la comprensión de la lucha social y el reconocimiento político, pues “la revolución democrática que promueve Mouffe no es un cierre el entendimiento de la política como conflicto; es decir, no se trata de esencializar a los grupos en torno a lo que cada uno de ellos cree que es la injusticia; se trata de recomponer el orden social a partir de la posibilidad de pactar con otras identidades lo que es bueno para todos”.
Y es por esto que Mouffe se une John Rawls en su debate sobre la justicia, pues este permite que la filosofía vuelva a tener un lugar importante, que para Mouffe se convierte en una herramienta para validar su postura democrática. Aquí encontramos pues, el paso del antagonismo al agonísmo que supone un mecanismo de participación que permita la manifestación controlada de las formas de asumir el conflicto entre diferentes entidades. Y así mismo, encontramos que para Mouffe el conflicto es el motor de la política, lo que en otras palabras significa que juega un papel fundamental a la hora de preservar la libertad; pues para eso propone la democracia radical.
De este modo, encontramos que el compromiso que la democracia adquiere a través de la conservación del pluralismo sin sacrificar la estabilidad política, da origen a la apertura del universo político que exige de ciudadanos que pasan de estar individualizados y se identifican con un concepto de nación, es decir, se comprometen en una experiencia grupal en lugar de estar en una postura de aislamiento social.
Es así como a través de este concepto de ciudadanía que nos supone “un principio de articulación que afecta a las diferentes posiciones subjetivas del agente social”, encontramos que la democracia radical en ningún momento pretende la democracia real, pues acepta que siempre existirán las tensiones entre lo privado y lo público y la libertad y la república; lo que realmente busca es un equilibrio y en donde el conflicto moral también funcione como mecanismo de transformación de la sociedad.
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