El primer capítulo de esta temporada de “Dr House”, en el que Gregory House (el protagonista) está internado en el “Mayfield Psychiatric Hospital” y se enfrenta a sus problemas psicológicos que le suponen alucinaciones y una psicosis, resulta sumamente interesante ya que nos permite tener una noción de cómo funciona la mente humana. Es impactante ver cómo dicho personaje influenciado por su “locura” sostiene constantemente fuertes discusiones con el Dr Nolan que es el encargado de su tratamiento, y es capaz de llegar a hacer tantas cosas como indisponer a sus compañeros contra la institución, pegarle a su amigo Alvie para obtener lo que quiere, e incluso reforzar el delirio de un hombre enfermo como el “señor libertad” completamente convencido de lo que piensa y lo que ve: de su “cordura”.
Lo realmente interesante del asunto es que nosotros como espectadores podemos identificar claramente los problemas que en este episodio se nos presentan, sin embargo estos personajes no son conscientes de esos eximorones o diálogos internos que todo ser humano tenemos, es decir, no los reconocen como propios y es precisamente esto lo que los vuelve “locos”.
Y vemos que en el caso de House cuando reconoce que necesita ayuda y el médico le muestra que sus pastillas son placebo y que a partir de la prueba de orina se dieron cuenta de su engaño, se vuelve consciente de su problema y empieza a llevar el tratamiento indicado hasta que consigue salir del hospital.
Es curioso ver cómo este caso específico de House, a pesar de ser tan diferente al de Jean- Dominique Bauby en la película “La escafandra y la mariposa” se acopla igualmente bien a los axiomas de Paul Watzlawick; pues en primer lugar, vemos que aunque House puede hablar y moverse perfectamente, tiene unos problemas que le imposibilitan comunicarse bajo los estándares comunes, no obstante constantemente está produciendo mensajes a los diferentes encargados de la institución, y a pesar de que no están de acuerdo, finalmente consigue entrar bajo los mismos términos, demostrando así que no es posible no comunicar. Así mismo, en este capítulo de “Dr House” podemos ver un claro ejemplo tanto de la comunicación análoga como de la digital, pues encontramos por un lado una comunicación en muchos casos no consciente por parte de los pacientes, que está sujeta a cualquier posibilidad de interpretación debido a que no está amarrada a ningún significado, pero que posteriormente, también en varios casos termina convirtiéndose en digital como lo fue el caso House, o de Anie (la muda) que consiguen estar conscientes y producen comunicación con sentido y con significados fáciles de reconocer.
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